Hace casi tres mil años los dioses de Instar se enfrentaron a Kzarith, el Hambre, que devoraba a otros dioses. En la Batalla de los Dioses sus cuerpos cayeron sobre el mundo: Kzarith murió, la Tejedora de almas murió y el telar de la muerte se rompió, la Madre Verde se convirtió en bosque y el dios del mar se hundió dormido en el abismo. De ellos quedaron los Fragmentos, reliquias de poder divino.
Mil doscientos años después, en la isla de Salvalia, unos nobles bebieron el icor de Kzarith y se volvieron vampiros. Esclavizaron a los humanos durante siglos, hasta que la Guerra de los Tres Picos unió a humanos, hombres lobo y una vampira rebelde. La isla pasó a llamarse Kalawa.
Novecientos años de paz terminaron en el Torneo Roto: el mundo se partió en dos bandos, el Juramento y los Libres, que firmaron el Tratado de Refugio Salobre y se repartieron la custodia de cinco grandes Fragmentos: el Legado de los Cinco Reinos. Hoy, cuatrocientos cincuenta años después, alguien vuelve a reunir Fragmentos.
Ningún pueblo creó a otro. Todos existían antes de la Caída y la Caída cambió a cada uno. Entre pueblos hubo dominio, nunca creación: elfos sobre humanos, enanos sobre orcos, Bugatra sobre Skarn, vampiros sobre humanos.